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viernes, 24 de mayo de 2013

Belleza encerrada. De Fra Angelico a Fortuny



Grandes cuadros de pequeño formato 
 
El Museo del Prado de Madrid recupera obras de pequeño formato que hasta ahora no han tenido gran trascendencia, para darles un espacio en el que contemplar la belleza de cuadros de El Bosco, Goya, Velázquez o Rubens, entre otros.

La exposición ocupa 17 salas de la pinacoteca madrileña, abierta al público hasta el 10 de noviembre de 2013.


Bajo el título “Belleza encerrada. De Fra Angelico a Fortuny”, el madrileño Museo del Prado rescata 281 obras de sus colecciones, conservadas en los últimos años en sus almacenes o depositadas en otras instituciones, con el denominador común de ser cuadros de pequeñas dimensiones y contar con unas características especiales de riqueza técnica, preciosismo, refinamiento del color y detalles escondidos que invitan a su observación.
Se trata de cuadros de gabinete, bocetos preparatorios, pequeños retratos, esculturas y relieves, correspondientes a todo el arco temporal que abarcan las colecciones del Prado, de finales del siglo II d.C.  –una escultura de Palas Ateneas abre la exposición- a los umbrales del siglo XX.
Patrocinada por la Fundación BBVA, la exposición ocupa 17 salas de la pinacoteca madrileña, abierta al público hasta el 10 de noviembre de 2013, destacando un intenso recorrido por obras de finales del siglo XIV y principios del siglo XV en Italia, Francia y los Países Bajos, culminando a fines del siglo XIX en España.
La conservadora Manuela Mena, comisaria de la exposición, explica que “hemos montado un museo dentro de otro museo, y son muy pocas las instituciones que pueden hacer algo así. El Prado tiene unos fondos riquísimos y unas colecciones impresionantes”.
La pradera de San Isidro, de Francisco de Goya, oleo sobre lienzo de 41,9 x 90,8 centímetros fechado en 1788.

A la sombra de los grandes

De estos fondos han salido obras como "La Anunciación” de Fra Angélico (1395-1455); “La piedad” de Roger van der Weyden (1399-1464); “Extracción de la piedra de la locura”, de El Bosco (1450-1516); “Vista del jardín de la Villa Medici en Roma”, de Diego Velázquez (1599-1660);  “Diana y sus ninfas cazando” de Pedro Pablo Rubens (1577-1640); “La pradera de San Isidro” de Francisco de Goya (1746-1828) o “Desnudo en la playa de Portici”, de Mariano Fortunty (1838-1874).
Piezas de pequeño tamaño, habitualmente a la sombra de grandes cuadros, que el visitante puede visualizar apoyado por un montaje que facilita la contemplación más íntima de estas obras que sorprenderán al espectador "por la extraordinaria belleza que encierra, su originalidad y su rareza", inciden los responsables de esta muestra.
Diecisiete salas que van dando acceso a pinturas de paisajes, bodegones, bocetos de gran violencia expresiva, asuntos mitológicos, retratos, melancolía, cuadros en los que aparece la sátira y la reflexión irónica sobre el ser humano, o la alabanza y la exaltación del poder, hasta dejar sitio a la vida real, cotidiana y del pueblo. 


Extracción de la piedra de la locura, de El Bosco, 
óleo sobre tabla, de 48,5 x 34,5 centímetros, 
fechado entre 1500 y 1510.

“Belleza encerrada” rescata 281 cuadros de pequeñas dimensiones, que cuentan con unas características especiales de riqueza técnica, preciosismo, refinamiento del color y detalles escondidos que invitan a su observación.


 Todo ello bajo el dominio de la técnica de sus artistas y su capacidad innovadora que le lleva a introducir materiales nuevos para lograr efectos distintos que van, desde la madera al lienzo, el cobre, la pizarra, la hojalata o piedras artificiales. La exposición, según Mena, ofrece “un conocimiento de las técnicas que se van sucediendo y que son muy diferentes de unos lugares a otros”.
 Palas Atenea recibe al visitante
 en una reducción de mármol blanco
 del siglo II d. C. de la famosa 
estatua de Fidias, de 12 
metros de altura.

“Hemos montado un museo dentro de otro museo, y son muy pocas las instituciones que pueden hacer algo así”, explica Manuela Mena, comisaria de la exposición.

Diana y sus ninfas cazando, de Pedro Pablo Rubens, óleo sobre lienzo de 27,7 x 58 centímetros, fechado entre 1636-1637.

Uno de los aspectos más destacados de esta exposición ha sido el trabajo de restauración de buena parte de estas “bellezas encerradas”, más de sesenta obras que han necesitado un exhaustivo esfuerzo de limpieza, eliminando los barnices oxidados y restableciendo la perfecta armonía de las relaciones tonales. “El trabajo de recuperación ha sido fantástico”, explica la comisaria, “esa también es la belleza encerrada, el quitar barnices y descubrir la obra en toda su belleza”.
Una belleza que destaca Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, para quien el museo ha hecho “un ejercicio narcisista de mirar su propia belleza. Desde hace tiempo el Prado no se mostraba tan intenso y tan amplio”.
 
 
Desnudo en la playa de Portici, de Mariano Fortuny, óleo sobre tabla de 13 x 9 centímetros, fechado en 1874.

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